Los silos

Desde el Neolítico el hombre ha buscado formas para proteger y almacenar los excedentes que la producción agrícola le deparaba y la simiente necesaria para cultivar al año siguiente.
Esta búsqueda llevó a dos formas distintas de almacenaje: las formas aéreas (graneros, silos, almacenes, etc.) y las subterráneas (sótanos, silos subterráneos, etc.).
Los silos subterráneos han sido muy utilizados hasta nuestros días. Una de sus grandes ventajas es su bajo coste, ya que normalmente consistían en un agujero en el suelo con una tapa vegetal.
Para mejorar las condiciones de almacenaje a veces las paredes del silo se recubrían con una capa de arcilla que los hacía impermeables o se les colocaba un tapa de piedra que impidiera la entrada de animales y del agua.
Aunque la función de almacenaje era la principal causa de la existencia de los silos subterráneos, no era la única. Así en tiempos de inestabilidad política o para evitar pagar los tributos, se utilizaban para ocultar los objetos más preciados (herramientas, cerámica, etc.) y el grano.
Cuando los silos perdían su función eran usados como basureros donde tirar los desperdicios domésticos, lo que les concede su color característico, el negro, pues suelen contener los restos de los fuegos que se realizaban en los hogares.
En Urueña son muy habituales los silos subterráneos, encontrándose tanto dentro de la Villa como en sus inmediaciones.
La mayoría de ellos son de época medieval y moderna, aunque también los hay de una antigüedad mayor.
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